Primero, en Colombia no se ha dado importancia a la necesidad de promover y extender la educación desde temprana edad, lo que ha originado un obstáculo al desarrollo intelectual de la población y un desperdicio de talentos y potencialidades que con frecuencia se traduce en decepción, frustración y desesperanza para los niños y jóvenes y para sus familias.
Segundo, la educación colombiana presenta dificultades en su calidad científica y académica, cuyo origen se relaciona directamente con la poca importancia que usualmente se confiere a la formación y consolidación del criterio científico de la población y a la integración de la ciencia con el desarrollo de las artes y humanidades, lo que, sumado al impacto de corrientes ideológicas opuestas a la ciencia y el arte que inundan los medios de comunicación, no permite a la gente su desarrollo intelectual y la potencialidad de sus capacidades productivas y convivenciales.
Sin doctores que se dediquen a la investigación no podemos construir la infraestructura que el país necesita para su desarrollo. Debemos capturar el corazón de nuestros niños y jóvenes para que sueñen con ser parte de esta meta y sientan el placer y la alegría que genera el saber.
Tercero, el país vive una crisis educativa, producto de la crisis estructural de la nación, que se expresa en graves formas de conflicto y violencia dentro y fuera de las familias y dentro y fuera de las aulas escolares, que es producto de tradiciones, privilegios y desigualdades que imposibilitan el reconocimiento cabal de los derechos económicos, sociales, étnicos y culturales de numerosas comunidades que constituyen la mayoría de la nación.
Estos tres aspectos, a saber, el aprendizaje temprano que ayuda a desarrollar métodos que identifican las capacidades y talentos de los niños y evidencian y enriquecen su futuro, la formación bilingüe del criterio científico y humanístico, y la formación para la convivencia democrática a través de la autonomía en donde exista una conectividad con el entorno adecuado para que los niños y jóvenes asuman la responsabilidad y comprendan la necesidad de su propio auto-aprendizaje. Estos tres énfasis constituyen los ejes centrales que justifican nuestra existencia como institución educativa.
Nuestro Manual de Convivencia estipula que una de las condiciones para ser estudiante del Colegio Calatrava es ser autónomo moral, lo cual implica autorregulación frente a cualquier acto. Recordemos que un joven que se respete a sí mismo es un ser responsable de sus acciones tanto frente al éxito como al fracaso. |